La lucha contra la obsolescencia programada

Se conoce como obsolescencia programada la reducción de la vida útil de un producto para aumentar su consumo a través de versiones más recientes. La determinación del tiempo de duración de su vida útil del producto o servicio viene dada por las empresas, con el objetivo de aumentar la demanda, y estimular a los consumidores a adquirir nuevos productos con nueva tecnología. La obsolescencia programada se puede definir como “comprar, tirar, comprar”.

La obsolescencia planificada conlleva a desechar productos elaborados con productos químicos de altos niveles tóxicos a vertederos de basura creando un impacto visual, ambiental y perjudicial para la salud de los seres vivos. La repercusión que tiene sobre el medio ambiente es altísima, esto se debe a las sustancias que se usan durante su fabricación, los compuestos orgánicos policromados y metales pesados como el mercurio o el cromo.

Todas estas sustancias nocivas para nuestra salud, para el agua y para el suelo.

La contaminación del agua por plomo, cadmio y mercurio es casi 200 veces mayor que la aceptada por la OMS (Organización Mundial de la salud).

Además, el modelo de consumo actual necesita cantidades ingentes de recursos para su fabricación. Por ejemplo, una camiseta de algodón requiere de 3.900 litros de agua, y tan solo en España se generan 326.000 toneladas de residuos textiles al año.

¿Vale la pena seguir destruyendo al planeta para obtener una ganancia inmediata?

Según la ONU, generamos un total de 50 millones de toneladas al año de estos residuos, que acaban en vertederos de países en desarrollo, países con poca o inexistente legislación sobre el reciclaje o gestión de residuos.

La Comisión Europea busca acabar con el problema trabajando junto a las diferentes marcas de electrónica e informática para asegurar que los usuarios puedan reparar sus dispositivos fácilmente y en cualquier proveedor no oficial.

En Francia ya se han impuesto medidas estrictas contra el problema, castigando penalmente al fabricante que establece predeterminadamente la durabilidad de los productos con penas de prisión de dos años y multa de hasta 300.000 euros. 

Con la implantación de estas medidas se busca reducir la cantidad de basura electrónica que se genera en el continente y que nos aleja de la sostenibilidad.

Para plantarle cara a la obsolescencia aparece el término alargascencia. Se trata de una iniciativa de Amigos de la Tierra, que busca ahorrar dinero alargando la vida útil de las cosas, además de reducir el consumo de recursos naturales y la generación de residuos. En su página web se encuentra un directorio de tiendas y talleres en los que poder reparar nuestros dispositivos o conseguir productos de segunda de mano. Es una herramienta para encontrar soluciones frente a la obsolescencia programada y un apoyo para el medio ambiente, para la economía personal y la generación de empleo local.

Para conocer más sobre la iniciativa visita Alargascencia.org


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Carlos Guasch

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